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Sub-menú Argan Oil Epigenética

Inlab Medical avanza en la comprensión de los mecanismos del envejecimiento gracias a la epigenética: El último descubrimiento de la Ciencia, que permite influir en el comportamiento de los genes para mejorar su rendimiento.

Protección electromagnética

Publicado el 02/01/2018 ›

Electro-smog: es la nueva forma de contaminación y está generando hipersensibilidad electromagnética. En septiembre de 2018 publicamos un artículo en la revista Vida Estética.

El “electrosmog” es un anglicismo cada vez más famoso en nuestro día a día. Tanto que, en la actualidad, resulta imposible que una persona no tenga contacto con al menos un aparato electrónico.

Pero ¿qué significa exactamente “electrosmog”? Este neologismo hace referencia a los fenómenos que tienen lugar por la exposición continuada a campos electromagnéticos de baja frecuencia que nuestros órganos sensoriales no son capaces de detectar. Si bien la era tecnológica ha traído muchos beneficios, facilitando la realización de las tareas diarias, también  ha traído asociados problemas de salud causados por esta sobreexposición a las ondas a la que todos estamos sometidos.

Si nos preguntamos si es realmente importante una protección contra el electrosmog, hace unos años habríamos dicho que las afecciones son imperceptibles. Sin embrago,  multitud de investigaciones han puesto de manifiesto que la exhibición constante de nuestro cuerpo a los campos electromagnéticos trae muchos problemas para la salud, entre los cuales cabe destacar el envejecimiento de la piel.

Existen dos tipos de radiaciones: la ionizantes (luz UVA) y las no ionizantes (ondas de radio, de microondas, radares, televisión, etc.). Por lo general, este tipo de radiaciones no deberían ser dañinas para el organismo, pero se ha constatado que la sobreexposición a las mismas ha traído consigo la aparición de problemas en la piel.

Estamos completamente inmersos en un mundo tecnológico; constantemente rodeados de dispositivos tanto alámbricos (antenas, satélites…) como inalámbricos (teléfonos móviles, ordenadores portátiles…) que emiten radiaciones electromagnéticas no ionizantes o de baja frecuencia.  La luz azul de las pantallas de los dispositivos electrónicos genera un gran impacto diario en la piel como consecuencia del número de horas que pasamos al día delante de ordenadores y móviles (como mínimo, en torno a 7 horas diarias) y la cercanía de estos dispositivos a la piel. Esta sobreexposición agudiza la aceleración del envejecimiento cutáneo, además de otros problemas de salud como afecciones oculares, estimulación del crecimiento de células tumorales, y dolores óseos y musculares a causa de la postura como el “tech-neck”, entre otros. Por otra parte, la radiación emitida por las estaciones fijas, si bien se trata de radiación no ionizante que está por debajo de los niveles de riesgo, provoca una exposición involuntaria continuada de toda la superficie corporal. Además, los dispositivos portátiles, como los teléfonos móviles, generan exposición a nivel de la cabeza, habiéndose estimado que la potencia absorbida puede llegar a ser incluso del 40%.

Toda esta radiación electromagnética puede modificar la actividad electrodérmica de la piel, es decir, la capacidad de la piel de emitir respuestas contra agentes externos, como puede ser la secreción de sudor por el cambio de temperaturas. Según estudios in vivo realizados por el Dr. Andrei N. Tchernitchin (acádemico de la Universidad de Chile), existe una correlación entre la exposición a la radiación electromagnética y el daño en el ADN, daño que también afecta a las células de la piel impidiendo la activación de ciertos genes que a su vez anulan la síntesis de proteínas de la piel, como puede ser el colágeno, la elastina o el ácido hialurónico, proteínas que confieren a la piel mayor firmeza, luminosidad y tersura. A su vez, se han observado cambios en los queratinocitos de la piel (células que se encuentran en la epidermis y tienen función de protección), ya que son las primeras células corporales de la piel que entran en contacto con este tipo de energía. Por otra parte, estudios realizados en 2013 han demostrado que una radiación repetida provoca aparición de un incremento del ph de la piel, barrera protectora que inhibe el crecimiento de bacterias y restaura la piel para que prospere su flora natural, y cuyo incremento causa deshidratación, provocando un aumento de la sensibilidad de la piel y haciéndola más propensa a problemas como la dermatitis o la rosácea. Además, las radiaciones electromagnéticas afectan a nuestra piel generando radicales libres que aceleran su envejecimiento por la aparición de manchas, arrugas, pérdida de elasticidad y luminosidad.

Aunque existen organismos gubernamentales que se encargan de controlar que todos estos dispositivos cumplan la normativa sobre control de las radiaciones (como el Ministerio de Sanidad, la Agencia de Control y Regulación de las Telecomunicaciones o el ICNIRP), es necesario hacer frente a los problemas que puede conllevar el constante uso de las tecnologías.

¿Cómo podemos retardar este envejecimiento de la piel y la aparición de todas estas afecciones por estar inevitablemente sobreexpuestos a los campos electromagnéticos? Hoy en día la cosmética ha avanzado mucho en la lucha contra este proceso, ayudando a las células a regenerarse gracias a activos como el ácido hialurónico, DMAE y la vitamina C pura, así como por medio de nuevos activos epigenéticos que actúan a nivel del ADN de la piel favoreciendo la síntesis de este tipo de proteínas por parte de los genes.

 

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